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Cómo escribir más rápido: lo que dice la investigación

Para escribir más rápido no basta con practicar más horas. Los estudios sobre mecanografía señalan unos pocos factores concretos: cometer pocos errores, usar siempre el mismo dedo para cada tecla, adelantarse con la vista y entrenar a propósito un poco por encima de tu ritmo. Aquí tienes lo que se sabe, lo que sigue sin resolver y cómo aplicarlo cuando practicas.

Pocos errores, más velocidad

Dhakal y sus colegas analizaron los datos de más de 168 000 voluntarios que hicieron una prueba de mecanografía en línea. La media fue de 51,56 palabras por minuto (PPM), con una tasa de errores sin corregir del 1,167 %. Estas cifras hay que leerlas con cautela: participó quien quiso, y la mayoría eran personas jóvenes de Estados Unidos.

Uno de sus hallazgos es especialmente útil para practicar: reducir un poco los errores puede aportar una gran ganancia de velocidad. Cada error corregido obliga a detenerse y borrar, y cada error que queda sin corregir resta en el resultado neto.

Empieza por los errores. Mira en el resumen de cada ejercicio qué teclas fallas más y practícalas dentro de palabras, como hace el repaso de puntos débiles de typando en la fase 2.

Pulsar la siguiente tecla antes de soltar la anterior

El mismo estudio analiza una forma de escribir que en inglés se llama rollover: pulsar la siguiente tecla antes de haber soltado la anterior. Su uso estaba muy relacionado con la velocidad (r = 0,73). Es una correlación, así que no demuestra que forzar el rollover te haga más rápido; también puede ser una consecuencia de escribir con soltura.

Una forma razonable de acercarte a ese estilo es practicar palabras completas en lugar de letras sueltas. En español, palabras como «que», «para» o «los» aparecen constantemente. Practícalas hasta que salgan de un solo gesto.

Un dedo para cada tecla y la vista por delante

Feit, Weir y Oulasvirta estudiaron cómo escribe la gente en su día a día, con un resultado que conviene conocer: quienes habían aprendido mecanografía no eran más rápidos que quienes escribían con un método propio (57,8 frente a 58,9 PPM). Lo que tenían en común las personas rápidas era otra cosa. Pulsaban cada tecla siempre con el mismo dedo, preparaban las siguientes pulsaciones antes de llegar a ellas y movían poco la mano en conjunto.

La mecanografía es un camino fiable hacia esos hábitos, aunque no el único. Si ya escribes rápido con tu propio sistema y sin mirar el teclado, quizá te compense más pulir tu técnica que cambiarla.

Para preparar las pulsaciones, lee por delante: mientras escribes una palabra, tu vista ya debería estar en la siguiente. Con una frase como «la casa de mis abuelos», ten ya «de mis» en la cabeza mientras terminas «casa». Al principio cuesta. Empieza con frases cortas. Y si todavía cambias de dedo según la tecla, repasa la fila guía y el reparto de los dedos.

Práctica deliberada: un poco por encima de tu ritmo

Ericsson describe así la práctica deliberada en mecanografía: escribir a propósito por encima de tu velocidad habitual, normalmente entre un 10 y un 20 % más rápido. Según él, esa concentración solo se mantiene entre 15 y 30 minutos al día.

Un estudio de Keith y Ericsson con personas que escriben a diario apunta en la misma dirección. Haber hecho un curso de mecanografía y, además, entrenar la velocidad de forma consciente se relacionaba mucho más con la velocidad (β = 0,73) que haber hecho solo el curso (β = 0,15). Es un estudio correlacional, no un experimento, así que no demuestra la causa.

Limita el entrenamiento de velocidad a ese margen de 15 a 30 minutos diarios, aunque te sientas con fuerzas para más.

Cuando la velocidad se estanca

Muchas personas llegan a un punto en que practican con regularidad y la velocidad deja de subir. Es la meseta. Si siempre escribes a tu ritmo cómodo, repites lo que ya sabes hacer. La propuesta de Ericsson da una pista para salir de ella: tramos cortos por encima de tu velocidad habitual. Nuestra sugerencia: reserva unos minutos de cada sesión para escribir algo más rápido de lo que te resulta cómodo y dedica el resto a tu ritmo normal, para que la precisión no se resienta.

En typando, esta idea se aplica con prudencia. En la fase 2, cada unidad dura unos 15 minutos y, además del 97 % de precisión, tiene un objetivo de velocidad personal, calculado con la media de tus cinco ejercicios más recientes y un 5 % adicional. No es una cifra fija para todos, sino un paso por encima de tu propio nivel, más pequeño que el que describe Ericsson. Durante el ejercicio no verás la velocidad en directo, solo tu avance en el texto. La fase 3 añade sprints de velocidad: seis tramos de 30 segundos, entre un 10 y un 20 % por encima de tu ritmo cómodo, en los que basta con un 90 % de precisión.

Primero la precisión, con una salvedad

No existe ningún experimento de entrenamiento que compare directamente «primero precisión, después velocidad» con el orden contrario. Aun así, los hallazgos sobre errores del primer apartado hablan a favor de mantenerse preciso.

Por eso typando exige un mínimo del 97 % de precisión para superar una lección (en los sprints, un 90 %), y en la fase 2 evalúa primero la precisión y después la velocidad. Si al acelerar tu precisión cae por debajo de ese umbral, baja el ritmo hasta recuperarla. Cuánto tiempo lleva todo el proceso lo explicamos en cuánto se tarda en aprender mecanografía.

Para aplicar todo esto, empieza por la práctica: tras cada ejercicio, el resumen muestra tus palabras netas por minuto, tu precisión y las teclas que más te cuestan.

Preguntas frecuentes

¿Por qué typando no muestra la velocidad mientras escribo?
Para que tu atención esté en el texto y en la precisión, no en un contador. Durante el ejercicio solo ves tu avance en el texto. La velocidad aparece en el resumen final, junto con la precisión, los errores corregidos y sin corregir y tus teclas más difíciles.
¿Cómo se calculan las palabras por minuto?
En typando, cada cinco pulsaciones, espacios incluidos, cuentan como una palabra, porque las palabras reales tienen longitudes muy distintas. De ese valor se descuentan los errores que quedaron sin corregir, repartidos por minuto: el resultado son palabras netas por minuto (PPM). El resumen muestra además la misma velocidad en pulsaciones por minuto, es decir, las PPM netas multiplicadas por cinco.
¿Qué velocidad se considera buena?
No hay una cifra que sirva para todo el mundo. Como referencia, la media en el gran estudio en línea de Dhakal y sus colegas fue de unas 52 PPM, aunque quienes participan voluntariamente en una prueba así probablemente escriben con más soltura que la media. Más útil es compararte contigo: si tu velocidad neta sube de un mes a otro sin que baje tu precisión, vas por buen camino.
¿Un teclado mejor me hará escribir más rápido?
Los estudios que resumimos aquí no comparan modelos de teclado. Lo que sí relacionan con la velocidad es la técnica: pocos errores, cada tecla con el mismo dedo, la vista por delante y poco movimiento de la mano. Elige un teclado que te resulte cómodo y dedica el esfuerzo a esos hábitos.

Fuentes

  1. Dhakal, V., Feit, A. M., Kristensson, P. O., & Oulasvirta, A. (2018). Observations on typing from 136 million keystrokes. Proceedings of the CHI Conference on Human Factors in Computing Systems. doi.org/10.1145/3173574.3174220
  2. Feit, A. M., Weir, D., & Oulasvirta, A. (2016). How we type: Movement strategies and performance in everyday typing. Proceedings of the CHI Conference on Human Factors in Computing Systems, 4262–4273. doi.org/10.1145/2858036.2858233
  3. Ericsson, K. A. (2006). The influence of experience and deliberate practice on the development of superior expert performance. In K. A. Ericsson, N. Charness, P. J. Feltovich & R. R. Hoffman (Eds.), The Cambridge Handbook of Expertise and Expert Performance (pp. 683–703). Cambridge University Press. doi.org/10.1017/CBO9780511816796.038
  4. Keith, N., & Ericsson, K. A. (2007). A deliberate practice account of typing proficiency in everyday typists. Journal of Experimental Psychology: Applied, 13(3), 135–145. doi.org/10.1037/1076-898X.13.3.135

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